Supongamos que usted intenta evaluar el liderazgo de un villano comparado con el liderazgo de un héroe. Moralmente usted tiene claro a qué bando pertenece, pero no le pedimos que juzgue moralmente las acciones, sino que escuche la historia en la que se narran las peripecias de ambos y que preste atención especialmente a cómo se comportan.

El villano tiene claro su objetivo, sabe cómo alcanzarlo y así lo comunica a su equipo, aprovechando las fortalezas de sus colaboradores. Además, tiene una capacidad experta de análisis de las debilidades del héroe y de la situación en la que tendrá que desenvolverse, analizando con frecuencia los movimientos de su oponente y anticipando muchos de ellos. Finalmente, su equipo tiene autonomía para actuar y tomar decisiones que él felicita o castiga de modo claro, aunque siempre tiene la sospecha de que alguno de ellos intentará quitarle su posición de líder de los villanos, por lo que aplica mano dura a veces sólo para que no se relaje la tensión.

El héroe tiene un equipo de colaboradores bien cohesionado, tiene también grandes capacidades de análisis pero las reuniones con su equipo son bastante caóticas porque al héroe le gustaría que el equipo dejara de analizar continuamente los movimientos del villano y se centrara en imaginar opciones para vencerle, pero cuando sugieren opciones siempre son opciones técnicas de batalla, estrategias de combate. Además, el héroe tiene dificultades para visualizar y comunicar los objetivos porque o son demasiado concretos y parecen órdenes o son tan generales y llenos de buenas intenciones que no sirven para determinar cuál será la próxima acción. Finalmente, confía en que una acción puntual de algún miembro de su equipo consiga vencer al villano y traer al fin la paz a su región.

Una vez conocidas las historias, en una tabla de síntesis podríamos decir:

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Como a usted nos gustaría que ganara el héroe pero parece claro que va a necesitar ayuda en su liderazgo. Debe concretar los objetivos en el tiempo (aunque la paz sea para la eternidad debe comenzar un día concreto) y también debe priorizarlos para no cometer el error de intentar alcanzarlos todos a la vez: ¿primero la victoria o el bienestar de sus nobles?

Seguro que alguien de nuestra comunidad de certificados puede ayudarle. Lo más importante es que no se centraría en los errores que está cometiendo el héroe, ni por supuesto daría por hecho que la paz triunfará por sí misma y la bondad de la idea. De hecho, lo primero que analizará, y que hemos resumido en el cuadro anterior, es el comportamiento del héroe en comparación con el villano. Para alcanzar este resultado necesita de una herramienta que mida el comportamiento actual porque si intentará descubrir el perfil esencial del liderazgo del héroe podría obtener resultados de lo que al héroe le gustaría ser y con eso podría ayudarle poco; o peor, podría obtener resultados acerca de lo que el héroe haría si… pero así sólo obtendría una proyección del rol de héroe. La guerra se está librando y tanto la idea de lo que al héroe le gustaría ser como la idea de lo que hipotéticamente haría son poco útiles cuando hay que librar batallas y la paz duradera está en juego.

Póngase en situación: qué hará el héroe si sabe que uno de sus nobles tiene la tentación de colaborar con el villano. Seguramente diría -porque es un héroe al fin y al cabo- que apelará a su honroso compromiso con el reino actual y su deber de noble, que le trasladará la visión de la paz eterna que resulta especialmente motivadora, etc. Esto resulta idealista pero poco práctico. El héroe, ¿lo haría llegado el caso? No estamos seguros.

Sin embargo, sabemos que el héroe tiene una buena red de colaboradores muy unida, por lo que ante una situación como la descrita probablemente buscará la sanción del grupo al noble que está tentado de pasarse al bando del villano, invocará la cohesión fuerte frente al que duda para que reconsidere su opción. La dificultad puede provenir de esas reuniones donde en vez alcanzarse una fuerte cohesión de grupo todos sacan a relucir sus habilidades técnicas (estrategia de batalla). El héroe analizará con el grupo los posibles movimientos si se diera la traición pero intentará evitarla reforzando la identidad del grupo.

Entonces, ¿ayudamos al héroe a incrementar su liderazgo en el grupo, para el grupo, o bien intentamos limitar y orientar su capacidad analítica?

No sabemos el final de la historia, porque está por escribirse, pero sabemos escuchar la historia, y sin dejarnos llevar por lo que debería ser, o es deseable que sea, ayudar al desarrollo del liderazgo del héroe a través de la observación de su conducta. Al fin y al cabo queremos que venza en esa batalla.